Sábado, día 28 de julio de 2012. Una mañana típica de verano, soleada y calurosa. Una guardia tranquila. Preparando mi mochila para salir a hacer domicilios. En ese instante suena mi móvil. Descifro la voz nerviosa de mi hermano pequeño al otro lado: Hola tete. Seràs tiet en breu. La teva cunyada està de part. (Hola “tete”. Vas a ser tío. Tu cuñada está de parto). Mi cara es una mezcla de alegría y nerviosismo, el móvil casi al suelo después de un doble tirabuzón con rectificado y ya no sé qué tengo que hacer en los domicilios.

Mi whatsapp echa humo durante toda la jornada y se convierte en el mejor invento de la historia de la humanidad por unos instantes. El grupo whatsappero de mi familia bate todos los récords mundiales en mensajes por minuto. Medalla de oro olímpica.

Mi sobrino nace a las 14:15. Y yo de guardia hasta las 17:00. Mis compañeros soportan con una sonrisa alegre y comprensiva mi verborrea monotemática. Es la felicidad.

Felicidad que se multiplica infinitamente una vez acabo de trabajar y consigo tener a esa “personilla” entre mis brazos. Es increíble.

Domingo 29 de julio no tengo guardia y vuelvo pronto al hospital. Pero no sólo a ver mi sobrino. Mi otro hermano, el mediano, ¡también va a ser papá! Mis cuñadas siempre se han llevado muy bien, pero, ¡leches! no sabía yo que tanto. Había oído alguna vez lo de la compenetración hormonal entre mujeres, aunque la verdad, no imaginé que ellas lo llevarían hasta este punto.

Más nervios, típica espera multitudinaria en una sala de espera convertida en nuestro salón familiar, mi hermano que sale y entra, las cajetillas de Winston y Nobel que vuelan de mano en mano, tráfico legal de emociones, risas y anécdotas; pero todo esto y más vale la pena… mi sobrina acaba de aterrizar. También es increíble.

El sobri es una monada de 2.330 gr. Espera impaciente a su prima en la habitación. La sobri es una belleza de 3.800. La broma está servida: chaval, prepárate, que sube tu prima de riesgo.

Ser tío es una experiencia más a disfrutar de las muchas que nos da la vida. Serlo por partida doble en sólo 24 horas es algo que jamás olvidaré.

El trasiego de convertir una habitación del hospital en otra morada familiar, los 6 abuelos, las visitas por partida doble, el alucinar de la casualidad del personal sanitario y otras muchas anécdotas las dejaré para contárselas a mis sobrinos como un cuento mágico que hicieron vivir a su tío.

Bienvenidos mis pequeños. Pasad y disfrutad. Nosotros ya hace tiempo que lo hacemos con vosotros.

No quiero cerrar este post sin antes agradecer a todo el equipo de profesionales del hospital que nos han acompañado en esta aventura. Gracias a todos por vuestra ayuda, dedicación y ternura.

¡Qué fácil es nacer a vuestro lado!

A todos los profesionales del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol de Badalona. Desde la sala de partos hasta la planta. Mil gracias.

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